19 nov. 2009

Un intento de cuento

En clase la amargada de la profesora de Lengua nos dijo algo así como: "Hay un concurso de cuentos, es optativo, pero quien no lo haga suspenderá la asignatura."
Hay que joderse....
Bueno, pues aqui está mi intento de cuento sobre la igualdad de oportunidades (no espereis nada demasiado brillante...)


Hola, soy Sara, tengo 29 años y estoy trabajando, todo parece normal ¿no?, lo malo es que no pude elegir mi trabajo, estudié la carrera de arquitectura y sé hablar cinco idiomas. Fui a tres entrevistas de trabajo, y en las tres pasó lo mismo, escogieron a un hombre que tenía menos estudios que yo, le eligieron por el simple hecho de ser un hombre, creo que ahora entiendo mejor la razón por la que los edificios de este país se derrumban cada dos por tres. Y supongo que ahora entendéis por qué estoy trabajando en un bar de mala muerte, donde, por mucho que trabajo, cobro menos de lo que gana el mendigo de la puerta, no es que me guste este trabajo, pero era esto o pedir limosna con el mendigo de la puerta, y a mí me queda cierta dignidad. Bueno, el caso es que le mandé una carta a mi amigo Tomás –un antiguo compañero de la universidad y un gran amigo – pidiéndole ayuda para acabar con el machismo de este país. Todavía no me ha contestado, supongo que está ocupado con su nuevo trabajo, por cierto, es arquitecto. La última vez que hablamos, me dijo que había hecho un plano de un edificio antisísmico, que envidia, lo bueno es que me dijo que iba a trabajar a la gran ciudad, una zona donde hay muchos tsunamis, así que le di uno de los proyectos que hice para una entrevista de trabajo. Oh, ya ha llegado su carta, a él también le parece injusto, dice que ha empezado a actuar y que probablemente mi abogado de oficio me llamará en unos meses. A saber que ha hecho, espero no meterme en líos…
Ya han pasado tres meses, solo me he apartado del teléfono para ir a trabajar, todo este tiempo se me ha hecho eterno, pero la espera ha merecido la pena, por fin me han llamado, una chica me dijo que vaya a la ciudad, a saber qué quieren, bueno, como el viaje es gratis, no voy a decir que no.
Ya he llegado, estoy delante de un tío bastante esmirriado –por lo visto, es mi abogado de oficio – no sé exactamente qué quiere, y, a demás, Tomás llega tarde. Hablando del rey de Roma… por fin ha llegado, ya me estaba esperando de esperar, ahora me enteraré de por qué estoy aquí. No me puedo creer lo que ha pasado, y yo sin darme cuenta. Por lo visto, Tomás utilizó mi proyecto para hacer un edificio, y una vez acabado, le dijo al que dirige la empresa en la que trabaja que el trabajo era de una amiga suya, osease, yo. Y por eso estoy aquí, la empresa en la que trabaja Tomás quiere contratarme, y mi abogado quiere que Tomás pague una indemnización por violación de la propiedad intelectual, o algo así, le he prometido a Tomás que le pagaré todo cuando cobre, por fin cobro más de lo que gana el mendigo de la puerta del bar.

Y este es un dibujo de la protagonista que se me ocurrió nada más empezar el cuento:

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