23 may. 2013

Primer capítulo de una historia que no seguiré de momento

Sé que dije que iba a subir cosas por aquí mientras estaba de exámenes, pero me ha sido imposible hasta el momento. Mis disculpas, pero tengo bastantes cosas que hacer de las que depende mi futuro, así que no me puedo permitir perder tiempo.

En fin, no tenía intención de subir esto ni aquí ni en shousetsu, ni creo que lo vayáis a leer (lo sé, demasiado largo -.-). Tampoco creo que vaya a continuar la historia en este formato. En mi mente esta historia es demasiado visual para plamsarla en palabras, me resulta imposible, y más aún teniendo en cuenta que las descripciones no son mi fuerte.

Bueno, si a alguien le interesa, aquí está el primer capítulo:




Escuché un ruido en la oscuridad, mi garganta intentó soltar un grito, pero apenas consiguió un gemido ahogado. El miedo me paralizaba. El frío de las piedras húmedas, la absoluta oscuridad, aquel ruido… era un lugar de lo más hostil, y no tenía ni una pista de dónde estaba. El ruido sonó una vez más, saliendo un par de chispas de la nada. Retrocedí asustado. El ruido seguía, una y otra vez sin descanso, desprendiendo chispas de vez en cuando. “Cerillas…” pensé, era la única posibilidad.

Antes de que me diese tiempo a intentar averiguar si era o no lo que yo pensaba, se encendió una pequeña luz y una cara envuelta con vendas apareció frente a mí. El único rasgo facial que quedaba descubierto era su ojo izquierdo, de un color oscuro que hacía que me sumergiera en lo más profundo del abismo de su mirada.

Empecé a escuchar un susurro áspero. ¿Intentaba decirme algo? Le miré extrañado. Por lo visto se dio cuenta de que no le oía. Se aclaró la garganta, me volvió a mirar fijamente, y con una leve sonrisa, me dijo “hola”. Le devolví el saludo titubeando, sin saber aún qué estaba pasando. Entonces se apartó un poco y encendió otra cerilla. Entonces pude verla mejor. Todo su cuerpo estaba vendado, y, lo que era aún más desconcertante, llevaba una camisa de fuerza. ¿Qué se supone que significaba eso? ¿Quién era esa chica? Sin decir nada me dedicó otra sonrisa y extendió su mano hacia mí con la cerilla entre los dedos. ¿Qué se supone que quería que hiciera con ella? Decidí ignorar el gesto e intentar descubrir algo sobre la situación.

-         ¿Dónde estamos? – pregunté.
-         En un pozo – me respondió sin bajar el brazo.
-         ¿¡Un qué!? ¿Qué demonios…?

Tomé la cerilla de su mano para alumbrar a mi alrededor. Sólo había una pared rodeándonos formada por un montón de rocas húmedas y musgosas. Nada tenía sentido, ¿cómo habíamos acabado ahí? ¿Acaso era todo una alucinación? Levanté la mirada y vi una luz a lo lejos. ¿Podría ser…?

-         Ni lo intentes – interrumpió la chica sin tan siquiera mirarme.
-         ¿Cómo?
-         Es imposible salir de aquí. Ni lo intentes.
-         Pero… algo tendremos que hacer, ¿no? No voy a esperar aquí a morirme.
-         …tú mismo.

Me levanté y tanteé con los dedos para buscar el mejor sitio para empezar a escalar. Me impulsé como pude intentando agarrarme a los huecos que quedaban entre las piedras, pero estas estaban demasiado húmedas. Tras repetidos intentos sin fortuna, conseguí encontrar un hueco perfecto. Subí mucho más que las otras veces, pero terminé cayendo.

-         Te lo dije. – murmuró la chica sin prestarme demasiada atención mientras se acicalaba el pelo – No podrás huir.
-         ¿Y qué? ¡Yo por lo menos lo intento!
-         Es imposible salir de aquí.
-         Pero yo…
-         Yo, yo, yo… ¿acaso sabes quién eres?
-         ¿Qué quieres decir con eso? Claro que lo sé. Yo… yo…

Había estado tan ocupado pensando en dónde estaba, que ni siquiera me había dado cuenta de que no sabía quién era. No tenía ninguna clase de recuerdo anterior a la aparición en este inhóspito lugar. No recordaba a mi familia, si es que tenía alguna, tampoco mi nombre, ni siquiera mi cara. Mi cara… Levanté la mano para palparme el rostro. Tenía la cara redonda, con la piel bastante suave, subí un poco más, pero al llegar al tabique de la nariz noté algo extraño. Habría algo extraño, de cuero, que me cubría toda la cara.

-         ¿Q-qué es esto? – pregunté asustado.
-         Pues… yo diría que es una capucha de verdugo.
-         ¿De verdugo?
-         Sí, ya sabes, de estas que cubren media cara, pero sin tener al final la forma de capirote.

Estaba sin palabras. A ella todo esto le parecía absolutamente normal. Estaba realmente loca. Metí un poco los dedos entre la capucha y mi cara y tiré hacia arriba. Sentí el peor de los dolores cruzando desde mi cara hasta la nuca. Dejé de tirar y acerqué los dedos hacia el centro de la cara, de donde provenía el dolor. No me lo podría creer. Estaba cosido a mi cara. Empecé a llorar sin saber si era por el dolor o por la desesperación de no saber qué estaba pasando.

-         ¿Estás bien? – preguntó la chica algo preocupada.
-         Está… está cosida… la capucha está cosida a mi cara.
-         ¿Y?
-         ¿¡Cómo que “y”!? ¡Es horrible!
-         No sé por qué te alteras tanto. A mí me llama más la atención que no tengas pupilas, tus ojos son completamente blancos.
-         ¿Qué…? – estaba sin palabras, todo era demasiado extraño, ¿o acaso era normal?
-         No te preocupes tanto, en este pozo han estado otros niños con un aspecto mucho más extraño.
-         Espera, ¿otros niños?
-         Sí, estaban Nub, Lei, Tecnatos…
-         No, no me refiero a eso. Quiero decir, ¿dónde están ahora?
-         No sé – respondió encogiéndose de hombros – un día al despertarme ya no estaban.
-         ¡Eso es fantástico! Eso solo puede significar que hay una salida en algún lugar.
-         Supongo… - respondió mirando al suelo.
-         ¿Pasa algo?
-         Es que… - sus ojos empezaron a humedecerse – no quiero que te vayas, no quiero volver a estar sola. No me dejes, por favor.
-         Eso no pasará. – respondí con una sonrisa – No te dejaré sola, eh… ¿cómo te llamas?
-         Runia. – respondió sonriendo.
-         Oh, entonces ¿te acuerdas de tu nombre?
-         No, lo elegí yo misma, a que es bonito.
-         Sí, claro. – sonreí con toda la seguridad – Supongo que ahora tendré que elegir un nombre para mí…
-         Mukamuti.
-         ¿Cómo?
-         Tienes cara de Mukamuti.
-         Tienes gustos muy raros para los nombres, ¿sabes?
-         ¿No te gusta?
-         ¿Eh? Pues… no lo sé, no está mal, supongo.

Sin decirme nada sonrió y se acomodó para dormir. Miré otra vez arriba, la luz ya no estaba, era de noche. Me acosté a cierta distancia y, aunque el frío de la roca no me dejaba dormir, el cansancio hizo que no me importase.

2 comentarios:

  1. Wua que principio... *o* Ha sido impactante!
    Suerte con los exámenes! ^^

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    1. Gracias ^^

      Me alegra que te haya gustado, sigo pensando que escribo fatal, pero bueno, la práctica hace al maestro xD

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